Pediatría y adolescencia desde una mirada integrativa y sistémica

EPISODIO 12

Cuando cuidar al niño también significa comprender su cuerpo, su desarrollo y el entorno que lo acompaña

La pediatría tiene para mí un significado muy especial. No solamente porque forma parte de mi historia profesional desde el inicio, sino porque después de tantos años acompañando niños y familias he comprendido que un niño nunca puede ser observado únicamente a través del síntoma que presenta.

Mi formación inicial y una parte muy importante de mi trayectoria profesional se desarrollaron dentro de la Medicina Convencional. Durante cerca de dos décadas trabajé en Pediatría, Urgencias Pediátricas, Infectología Pediátrica y docencia, durante muchos años vinculada a la Universidad Federal de São Paulo. He atendido desde los problemas cotidianos de la infancia hasta situaciones de gran complejidad.

Todo ese conocimiento continúa siendo fundamental en mi práctica.

Pero precisamente esa experiencia hizo que durante muchos años me hiciera preguntas para las que no siempre encontraba una respuesta completa.

¿Por qué algunos niños parecían estar siempre enfermos?

¿Por qué terminaban un tratamiento y, quince días después, volvían con mocos, tos, bronquitis, otitis o una nueva infección?

¿Por qué determinados niños presentaban procesos alérgicos recurrentes?

¿Por qué aparecían dolores, cansancio, alteraciones digestivas o diferentes síntomas cuando los análisis y las pruebas realizadas eran normales?

Y, sobre todo:

¿Qué más podemos hacer además de tratar cada episodio cuando aparece?

Fue la Medicina Tradicional China, integrada posteriormente con una mirada cada vez más amplia sobre la alimentación, los hábitos, las emociones, el desarrollo y el sistema familiar, la que me permitió empezar a responder algunas de estas preguntas desde otra perspectiva.

Y así fue construyéndose mi manera de comprender la Pediatría Integrativa y Sistémica.


El niño no es un adulto pequeño

Este es uno de los primeros conceptos que debemos recordar.

Un niño está creciendo.

Su sistema inmunitario está madurando, su cerebro está atravesando un extraordinario proceso de desarrollo, sus huesos y músculos están creciendo, está construyendo su relación con la alimentación, el sueño y el movimiento y, al mismo tiempo, está aprendiendo a reconocer y expresar sus emociones.

En la adolescencia se añade además una enorme transformación física, hormonal, neurológica, emocional y social.

Por eso, cuando trabajo con niños y adolescentes, mi objetivo no es únicamente tratar una enfermedad.

Me interesa especialmente acompañar el desarrollo.

Pregunto cómo come, cómo duerme, cómo evacúa, cómo respira, cómo está creciendo, cómo se concentra, cómo se relaciona, cómo gestiona la frustración, cómo se encuentra en la escuela, cómo vive los cambios y qué está ocurriendo en su entorno.

Y, naturalmente, cuando existe una enfermedad o un síntoma que necesita investigación, utilizamos también todos los recursos de la Pediatría y de la Medicina Convencional.

Integrar no significa sustituir. Significa ampliar la mirada.


El niño dentro de su sistema familiar

Hay otra dimensión que considero fundamental y que he ido profundizando durante muchos años: la mirada sistémica.

Un niño no vive aislado.

Vive dentro de una familia, de una escuela y de una red de relaciones. Convive con padres, hermanos, abuelos y otras personas importantes para su desarrollo.

Y en ocasiones observamos que un síntoma aparece o se intensifica coincidiendo con momentos significativos de esa estructura familiar.

Una separación.

Un duelo.

La llegada de un hermano.

Conflictos familiares.

Una mudanza.

Un cambio de escuela.

Una enfermedad dentro de la familia.

Estrés importante de los padres.

Cambios en las rutinas o en las figuras de cuidado.

Esto no significa que los padres sean responsables de la enfermedad del niño, ni que todo síntoma infantil tenga una causa emocional o familiar.

Sería una simplificación injusta y clínicamente incorrecta.

Significa que, además de estudiar al niño desde el punto de vista físico, considero importante preguntarnos:

¿Qué está viviendo este niño?

¿Qué está ocurriendo alrededor de él?

¿Ha sucedido algo coincidiendo con el comienzo o empeoramiento del síntoma?

Muchas veces aparecen elementos que inicialmente parecían no tener ninguna relación.

Y cuando empezamos a trabajar no solamente con el niño, sino también con sus padres y, cuando es necesario, con otros integrantes de su red familiar o terapéutica, la comprensión del caso puede cambiar profundamente.


Cuando el niño enferma una y otra vez

Este es probablemente uno de los motivos de consulta que más he visto a lo largo de mi trayectoria.

Niños con mocos prácticamente permanentes.

Rinitis.

Otitis repetidas.

Bronquitis.

Tos recurrente.

Alergias.

Infecciones respiratorias que parecen encadenarse unas con otras.

El niño termina un antibiótico y poco tiempo después vuelve a enfermar.

Desde la Medicina Convencional debemos preguntarnos si esa frecuencia entra dentro de lo esperable para su edad y exposición, especialmente durante los primeros años de escolarización, o si existen factores que requieren investigación: asma, alergias, hipertrofia adenoidea, problemas anatómicos, alteraciones inmunológicas u otras condiciones.

Pero la Medicina Tradicional China nos permite añadir otras preguntas.

Dentro de su propio sistema diagnóstico podemos valorar patrones relacionados con Pulmón, Bazo, Riñón, Humedad, Flema, Frío, Calor o diferentes Deficiencias, dependiendo de las características concretas de cada niño.

Y entonces el tratamiento deja de estar dirigido únicamente al episodio.

Por ejemplo, después de una bronquitis podemos necesitar una primera etapa dirigida a resolver las manifestaciones residuales —como Flema o Humedad según el patrón— y posteriormente entrar en una fase diferente de fortalecimiento.

En determinados niños, dentro del razonamiento de la MTC, podemos trabajar sobre el Qi del Pulmón y su función defensiva; en otros necesitamos prestar especial atención al Bazo y al terreno digestivo; en otros encontramos patrones en los que también participa el Riñón.

Es un proceso gradual.

Primero entendemos qué está ocurriendo. Después tratamos el desequilibrio predominante y, conforme el cuadro cambia, vamos modificando la estrategia.


Bazo, alimentación y crecimiento

En Pediatría, el Bazo ocupa un lugar especialmente interesante dentro de la Medicina Tradicional China.

Tradicionalmente está relacionado con la transformación y el transporte de los alimentos y con la formación del Qi y de la Sangre.

Por eso presto mucha atención a niños que presentan una combinación de síntomas como poco apetito, digestiones difíciles, heces alteradas, cansancio, palidez, debilidad o determinados cuadros de Humedad y Flema.

Pero no observo solamente el síntoma digestivo.

Estamos hablando de un organismo que necesita materia y energía para crecer.

Por eso la alimentación es uno de los pilares del tratamiento.

No se trata de imponer dietas rígidas a los niños, sino de entender qué necesitan, qué toleran, cómo están comiendo y qué hábitos familiares podemos mejorar sin convertir la comida en una fuente permanente de conflicto.


Riñón, Jing y desarrollo

Dentro de la Medicina Tradicional China, el Riñón y el concepto de Jing tienen una relación muy especial con el crecimiento, el desarrollo y la constitución.

En el lenguaje tradicional, el Riñón está relacionado también con los huesos y diferentes aspectos de la maduración.

Por eso, en determinados niños, además de observar la alimentación y el Bazo, podemos necesitar trabajar sobre patrones de Deficiencia relacionados con el Riñón.

Naturalmente, esto no sustituye la evaluación pediátrica del crecimiento.

Si un niño no está creciendo adecuadamente, presenta alteraciones puberales, pérdida de peso, problemas óseos o cualquier otro signo de alarma, necesitamos estudiar las posibles causas orgánicas.

La riqueza está precisamente en poder hacer las dos cosas:

investigar lo que necesita ser investigado y, al mismo tiempo, acompañar el terreno global del niño.


Hígado, irritabilidad y regulación emocional

Hay niños intensos.

Niños que explotan fácilmente.

Niños con rabietas importantes, irritabilidad, impulsividad, dificultad para tolerar la frustración o una necesidad constante de movimiento.

La Medicina Tradicional China nos ofrece también una lectura de estos procesos a través de conceptos como el Hígado y el libre flujo del Qi, siempre dentro de su propio marco diagnóstico.

Pero aquí debemos ser especialmente cuidadosos.

No todo niño inquieto tiene un trastorno.

No toda rabieta representa una enfermedad.

Y tampoco debemos convertir cada comportamiento infantil en un diagnóstico energético.

Necesitamos comprender la edad, el momento evolutivo, el temperamento, el sueño, la alimentación, el ambiente familiar y escolar y, cuando existen señales que lo justifican, realizar una valoración del neurodesarrollo o de la salud mental infantil.


TDAH, autismo y otros trastornos del neurodesarrollo

Acompaño también niños y adolescentes con TDAH, trastorno del espectro autista y otras condiciones del neurodesarrollo, algunos de ellos utilizando tratamientos farmacológicos o realizando diferentes terapias.

En estos casos la palabra integración adquiere todavía más sentido.

No buscamos sustituir el seguimiento pediátrico, neuropediátrico, psicológico, psiquiátrico, logopédico, psicopedagógico u ocupacional que el niño pueda necesitar.

Buscamos preguntarnos:

¿Qué más podemos hacer para favorecer su bienestar global?

Podemos observar sueño, digestión, alimentación, energía, regulación emocional, irritabilidad, ansiedad y otros síntomas que acompañan al niño, y valorar qué herramientas complementarias pueden ser apropiadas.

Las Fórmulas Magistrales Chinas, cuando están indicadas, se seleccionan de acuerdo con el patrón individual y requieren especial prudencia cuando el niño utiliza medicación, precisamente para evitar interacciones y realizar un seguimiento seguro.

El objetivo no es “tratar el autismo” o “curar el TDAH” con una fórmula.

El objetivo es acompañar al niño que presenta esa condición y trabajar sobre aspectos de su salud y calidad de vida que podamos mejorar.


Adolescencia: una etapa que merece una mirada propia

La adolescencia necesita un capítulo especial dentro de la Pediatría Integrativa.

El cuerpo cambia.

Aparecen transformaciones hormonales y sexuales.

Cambia la relación con los padres.

El grupo de amigos adquiere otra importancia.

Aumentan las exigencias académicas.

Aparecen preguntas sobre identidad, pertenencia, imagen corporal y futuro.

Y también pueden aparecer ansiedad, insomnio, irritabilidad, aislamiento, alteraciones alimentarias, problemas menstruales, cefaleas, síntomas digestivos, cansancio o una enorme presión por el rendimiento.

Aquí es especialmente importante escuchar al adolescente como persona, no solamente hablar con sus padres sobre él.

Necesitamos crear un espacio donde pueda expresarse y, al mismo tiempo, mantener la participación familiar adecuada a su edad, necesidades y seguridad.


Cuando existe una enfermedad grave, también podemos integrar

He tenido también la oportunidad de acompañar niños con situaciones médicas complejas.

Enfermedades congénitas.

Neurológicas.

Genéticas.

Inflamatorias.

Cardiovasculares.

Y otros procesos crónicos de elevada complejidad.

Tener una enfermedad grave no excluye al niño de una mirada integrativa.

Al contrario, estos pacientes pueden necesitar todavía más que pensemos en calidad de vida, alimentación, sueño, digestión, energía, bienestar emocional y acompañamiento familiar.

Pero cuanto más compleja es la enfermedad, mayor debe ser también la coordinación con los especialistas responsables.

Las Fórmulas Magistrais Chinas pueden utilizarse en determinados casos como parte de una estrategia complementaria individualizada, pero necesitamos conocer el diagnóstico, los medicamentos, la función renal y hepática cuando sea relevante, los tratamientos concomitantes y las posibles interacciones.

En Medicina Integrativa, la complejidad no permite menos medicina; exige más coordinación.


Fórmulas Magistrais Chinas en niños: individualizar todavía más

Una de las preguntas que recibo frecuentemente es si los niños pueden utilizar Fórmulas Magistrais Chinas.

Dentro de la práctica de la fitoterapia china existen fórmulas utilizadas también en población pediátrica, pero un niño no debe recibir simplemente la misma estrategia que un adulto en menor cantidad.

Necesitamos valorar edad, peso, constitución, diagnóstico, patrón de MTC, alimentación, medicación concomitante y evolución.

Y, sobre todo, revisar.

Porque el niño cambia rápidamente.

Una fórmula que tenía sentido en una determinada fase puede necesitar ser modificada conforme cambian los síntomas y el terreno.

Este seguimiento progresivo es una parte esencial de mi forma de trabajar.


¿Y una consulta pediátrica online realmente funciona?

Después de años trabajando también de forma online, puedo decir que esta modalidad puede aportar muchísimo en determinados casos.

La experiencia pediátrica previa ayuda enormemente a saber qué podemos valorar a distancia y qué necesita necesariamente una exploración presencial.

En la consulta online puedo realizar una historia clínica detallada, observar al niño y su interacción, hablar con los padres, revisar exámenes e informes, valorar fotografías de la lengua cuando forman parte de la evaluación desde la MTC y acompañar la evolución.

Y mantengo algo fundamental:

el niño continúa con su pediatra y con sus especialistas cuando los necesita.

La Medicina Integrativa no pretende ocupar todos los espacios.

Pretende conectar los diferentes espacios de cuidado.


A veces, para ayudar al niño, necesitamos acompañar también a los padres

Esta quizá sea una de las enseñanzas más profundas que me ha traído la Pediatría Sistémica.

En algunas situaciones, el trabajo no termina en el niño.

Necesitamos escuchar también a los padres.

Comprender qué está viviendo la familia.

Observar dinámicas.

Revisar rutinas.

Y, cuando corresponde, incorporar psicología, escuela u otros profesionales.

A veces un cambio en el entorno produce una diferencia enorme en el bienestar infantil.

Otras veces no.

Por eso una mirada sistémica no consiste en buscar culpables ni en interpretar todos los síntomas como expresiones familiares.

Consiste en recordar algo muy sencillo:

un niño pertenece a un sistema y ese sistema forma parte de su historia de salud.


Prevenir también es Pediatría

Durante muchos años trabajando en urgencias pediátricas vi lo importante que es saber actuar cuando aparece la enfermedad.

Pero con el tiempo me ha fascinado cada vez más otra parte de la medicina:

¿Qué podemos hacer antes?

Antes de la siguiente bronquitis.

Antes de que el cansancio se vuelva constante.

Antes de que una dificultad emocional se transforme en un sufrimiento mucho mayor.

Antes de que los hábitos de la adolescencia se conviertan en problemas de salud en la edad adulta.

Por eso para mí la Pediatría Integrativa es también una medicina profundamente preventiva.

No buscamos construir niños que “nunca enfermen”. Enfermar forma parte de la vida y de la infancia.

Buscamos favorecer un organismo con mejores recursos para crecer, adaptarse, recuperarse y desarrollarse de la manera más saludable posible.


Cuidar desde la raíz desde los primeros años

Después de tantos años entre hospitales, urgencias, Infectología Pediátrica, docencia, Medicina Tradicional China y Medicina Integrativa, hay algo que para mí se ha vuelto cada vez más claro:

no necesito elegir entre una medicina y otra.

Necesito saber qué herramienta necesita ese niño en cada momento.

A veces será un antibiótico.

A veces necesitaremos un broncodilatador.

A veces una investigación diagnóstica.

A veces un psicólogo.

A veces será necesario trabajar la alimentación, el sueño o los hábitos familiares.

Y, cuando esté indicado, podremos integrar la Medicina Tradicional China y las Fórmulas Magistrais Chinas.

Pero siempre existe una persona detrás del diagnóstico.

Y cuando esa persona es un niño, existe además una historia que está comenzando, un organismo en pleno desarrollo y una familia que también forma parte de ese camino.

Esta es la Pediatría que me apasiona.

Una pediatría capaz de tratar cuando es necesario, prevenir siempre que sea posible y acompañar al niño en todas sus dimensiones: física, emocional, energética, familiar y social.

Porque trabajar la salud desde la raíz también significa comenzar a cuidarla desde la infancia.