La Pediatría no ha sido solo mi primera especialización; ha sido el eje de mi vocación médica. Tras formarme en Pediatría e Infectología Pediátrica, trabajé durante casi 18 años en un hospital de alta complejidad, atendiendo niños en situaciones graves, muchas veces en contextos de urgencia. Allí asumí también la responsabilidad como docente y jefa de guardia, formando a nuevos profesionales en el abordaje clínico pediátrico.
Fue en ese entorno exigente donde comencé a integrar, con criterio médico y responsabilidad clínica, técnicas de la Medicina Tradicional China en niños hospitalizados. Los resultados fueron profundamente alentadores: mejor recuperación, mejor regulación inmunológica, disminución de recurrencias y mayor bienestar general. Este camino, que en su momento fue innovador, hoy continúa expandiéndose en el ámbito hospitalario, demostrando que la medicina integrativa puede aplicarse incluso en casos graves con resultados positivos.
En la consulta privada, esta integración marcó un antes y un después. Comencé a observar al niño y al adolescente desde una visión global: biológica, emocional y sistémica. Así nació mi enfoque de Pediatría y Adolescencia Sistémica, donde el tratamiento no se limita al síntoma, sino que busca comprender la raíz del desequilibrio.
El trabajo sistémico con la familia —madre, padre, hermanos, abuelos— ha demostrado ser especialmente transformador. El niño forma parte de un sistema, y muchas veces los síntomas reflejan dinámicas emocionales o tensiones no expresadas. Al armonizar el entorno familiar, los resultados se vuelven más profundos y duraderos.
Los avances clínicos han sido significativos en asma de repetición, bronquitis crónica, rinitis, alergias, migrañas infantiles, trastornos gastrointestinales, dermatitis, enuresis nocturna, terrores nocturnos, así como en dificultades emocionales, conductuales y cognitivas. En la adolescencia —una etapa que me apasiona especialmente— el abordaje integrativo resulta clave en casos de ansiedad, cambios de conducta, somatizaciones, alteraciones del sueño y procesos inflamatorios recurrentes.
También cuento con amplia experiencia en el acompañamiento de niños y adolescentes con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA). En estos casos, el enfoque integrativo permite trabajar la regulación del sistema nervioso, la inflamación subyacente, la función digestiva, el sueño y el equilibrio emocional, siempre respetando las necesidades individuales y coordinando, cuando es necesario, el tratamiento farmacológico. La intervención no busca “cambiar” al niño, sino potenciar sus recursos, mejorar su calidad de vida y apoyar a la familia en el proceso.
El tratamiento integra, cuando es necesario, la medicación convencional, trabajando simultáneamente la causa energética, inmunológica y emocional que sostiene el cuadro. No se trata de sustituir, sino de complementar con ciencia y coherencia.
Acompañar a un niño o adolescente en su proceso de salud es acompañar su desarrollo, su identidad y su futuro. Es trabajar no solo para resolver un síntoma, sino para construir bases sólidas de equilibrio físico y emocional que le acompañen toda la vida.
La Pediatría y Adolescencia Sistémica es el resultado de años de experiencia hospitalaria, docencia, investigación y medicina integrativa, pero sobre todo, de una profunda pasión por cuidar la vida desde sus primeras etapas con rigor, humanidad y compromiso.