EPISÓDIO 7
Hay preguntas que parecen personales y, sin embargo, cuando alguien se atreve a compartirlas descubrimos que muchas otras personas estaban preguntándose exactamente lo mismo.
¿Es bueno el aceite de coco?
¿Tengo que comer alimentos crudos para alimentarme de forma saludable?
¿El jengibre siempre es beneficioso?
¿Cuánto ejercicio necesito realmente?
¿Por qué un alimento que a otra persona le sienta fenomenal a mí me hincha?
Estas preguntas nos recuerdan algo fundamental: la salud no se construye únicamente acumulando información, sino aprendiendo a observar cómo responde nuestro propio cuerpo.
En uno de nuestros encuentros surgió precisamente una conversación muy interesante sobre alimentación, movimiento, sueños y autocuidado. Y detrás de todas esas preguntas había una misma idea: conocernos mejor.
¿Un alimento saludable es saludable para todo el mundo?
Una participante me preguntó por el aceite de coco biológico. Lo utilizaba principalmente para cocinar o saltear algunos alimentos y quería saber qué opinaba sobre él.
Y la respuesta nos llevó a uno de los principios que más me gustan de la Medicina Tradicional China:
depende de la persona.
En nutrición solemos hablar de proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas, minerales o fibra. La dietoterapia china incorpora además otra forma tradicional de interpretar los alimentos: su naturaleza térmica.
Los clasifica, de manera general, como fríos, frescos, neutros, tibios o calientes.
No estamos hablando necesariamente de la temperatura física del alimento. Una sandía puede estar fuera de la nevera y continuar considerándose refrescante desde esta clasificación tradicional. Del mismo modo, el jengibre puede estar frío al tocarlo y tener una naturaleza calentadora.
Por eso no basta con preguntar:
¿Es bueno?
Podemos ampliar la pregunta:
¿Es adecuado para mí, en este momento?
Frío y Calor: dos personas pueden necesitar cosas diferentes
Desde la perspectiva de la MTC, una persona con tendencia al Frío puede presentar sensación de frío, extremidades frías, cansancio, digestión lenta, molestias abdominales que mejoran con calor o tendencia a heces blandas.
En ese contexto, un exceso de alimentos crudos y refrescantes puede no ser lo que mejor tolere.
En cambio, una persona con un patrón de Calor puede manifestar sensación de calor, sed, irritabilidad, determinadas molestias digestivas con ardor, sudoración o empeoramiento con alimentos muy picantes y calentadores.
Y aquí aparece una idea esencial:
dos personas pueden tener el mismo síntoma y necesitar estrategias diferentes.
Incluso una misma persona puede necesitar cosas diferentes según la estación del año, su edad, su estado digestivo, su actividad física y el momento que esté atravesando.
Una guía orientativa de naturaleza térmica
Esta tabla recoge ejemplos generales utilizados en dietoterapia china. La clasificación concreta puede variar ligeramente entre escuelas y fuentes, y no sustituye una valoración individual.
| Naturaleza | Algunos ejemplos | En MTC se consideran, en términos generales… |
| Fría | sandía, pepino, melón, algas, algunos mariscos | Marcadamente refrescantes; se utilizan con prudencia cuando predomina el Frío |
| Fresca | pera, kiwi, cítricos, tomate, apio, lechuga, espinaca, calabacín, té verde, menta | Refrescantes y útiles en determinados patrones de Calor |
| Neutra | arroz, zanahoria, patata, boniato, guisantes, uva, algunos cereales y legumbres | Tienden a ser más equilibradas térmicamente y suelen combinarse con facilidad |
| Tibia | jengibre fresco, hinojo, puerro, cebolla, cebollino, algunas nueces y castañas | Favorecen el calentamiento y el movimiento según el patrón |
| Caliente | canela, jengibre seco, clavo, pimienta, chile y especias muy picantes | Tienen una acción calentadora más intensa y no son adecuadas en exceso cuando ya existe Calor |
El aceite de coco, la espirulina y otros alimentos que utilizamos habitualmente merecen una valoración más contextual: no convertiría una clasificación energética aislada en una recomendación universal.
¿Entonces hay que dejar de comer ensalada?
No.
Y esta es precisamente la diferencia entre personalizar y prohibir.
Una ensalada puede ser estupenda para una persona y sentar mal a otra. Incluso a la misma persona puede apetecerle y sentarle maravillosamente en un día caluroso de verano y resultarle pesada una noche fría de invierno.
La edad, la capacidad digestiva, el contexto y la preparación también importan.
Cuando los crudos generan distensión, sensación de frío o malestar digestivo, podemos probar otras formas de preparar los mismos alimentos: vapor, horno, salteados, sopas, cremas o guisos.
Cocinar también transforma la forma en que nos relacionamos con el alimento.
¿Y el jengibre? ¿Cuanto más, mejor?
Tampoco.
El jengibre es un ejemplo perfecto de por qué no deberíamos convertir un alimento saludable en una receta universal.
Desde la MTC, el jengibre fresco y el seco no se utilizan exactamente de la misma manera. Tradicionalmente, el fresco tiene una acción más orientada a dispersar determinados patrones externos de Frío, mientras que el seco posee una acción calentadora interna más intensa.
Pero una persona que ya presenta mucho Calor puede no necesitar añadir constantemente jengibre, canela y picantes simplemente porque haya leído que son saludables.
Lo que equilibra a una persona puede resultar excesivo para otra.
Alimentación y movimiento: dos pilares que no separaría
Y después de hablar de comida aparece inevitablemente otra parte fundamental: movernos.
Podemos cuidar muchísimo nuestra alimentación, pero nuestro organismo necesita movimiento, circulación, respiración y contacto con el cuerpo.
Desde el lenguaje de la Medicina China, el movimiento favorece la circulación del Qi y de la Sangre. Desde una mirada biomédica, la actividad física regular aporta beneficios ampliamente reconocidos para la salud cardiovascular y metabólica, la musculatura, los huesos, la movilidad, el sueño y el bienestar psicológico.
Pero hay algo que considero todavía más importante:
Constancia antes que intensidad.
No necesitamos hacer una hora perfecta de entrenamiento todos los días.
Habrá días en los que podamos dedicar una hora al ejercicio, combinar tonificación, movilidad, estiramientos, respiración o meditación.
Y habrá días en los que tengamos quince minutos.
Esos quince minutos cuentan.
Caminar.
Estirar.
Respirar.
Bailar.
Movilizar las articulaciones.
Hacer yoga, qigong o una actividad física que disfrutemos.
El objetivo no es castigar al cuerpo para estar saludable.
Es habitarlo.
El ejercicio adecuado también dependerá de la edad, condición física, enfermedades existentes, lesiones, objetivos y momento vital de cada persona.
Mover el cuerpo también puede ayudarnos a mover emociones
Hay emociones que podemos comprender intelectualmente, pero que seguimos sintiendo físicamente.
Una respiración contenida.
El pecho cerrado.
Los hombros elevados.
La mandíbula apretada.
Una sensación constante de tensión.
Por eso el movimiento puede convertirse también en un espacio de presencia.
Cuando caminamos conscientemente, respiramos, estiramos o bailamos, no estamos trabajando solamente músculos y articulaciones. Estamos creando un momento para sentir nuestro cuerpo y reconocer qué ocurre dentro de nosotros.
Esto no significa que una emoción concreta sea la causa de una enfermedad determinada. Significa que cuerpo y experiencia emocional están relacionados, y cuidar ambos forma parte de una visión integrativa de la salud.
Y apareció otra pregunta: ¿qué hacemos con nuestros sueños?
Durante el encuentro, Mar Giudice, coaching para el Autoconocimiento con Movimiento y Arte, añadió algo precioso a la sugerencia de tener un cuaderno de sueños junto a la cama.
Muchas veces despertamos después de un sueño intenso y lo recordamos perfectamente. Diez minutos después, prácticamente ha desaparecido.
Una práctica sencilla consiste en permanecer unos instantes quietos al despertar y escribir lo que recordamos antes de empezar el día.
No necesitamos interpretar cada sueño ni convertirlo en un diagnóstico. Podemos utilizar el cuaderno como una herramienta personal de observación:
¿Qué soñé?
¿Qué emoción apareció?
¿Hay algo que se repite?
¿Qué me despierta este sueño al volver a leerlo?
A veces no necesitamos encontrar una explicación. El simple hecho de observar y registrar nuestra experiencia ya puede ayudarnos a conocernos mejor. Y incluso cuando volvemos a leerlo tiempo después es algo que nos puede traer muchas informaciones interesantes.
La duda de uno puede abrir una puerta para muchos
Quizá esto sea lo más bonito de estos encuentros.
Una persona pregunta por el aceite de coco y terminamos hablando de Frío y Calor.
Otra pregunta por el jengibre y comprendemos por qué no existen recomendaciones universales.
Alguien comparte cómo registra sus sueños y otras personas descubren una nueva forma de escucharse.
Hablamos de movimiento y recordamos que no necesitamos hacerlo perfecto: necesitamos hacerlo posible.
La pregunta de uno puede ser exactamente la pregunta que otra persona todavía no se había atrevido a hacer.
Por eso quiero que estos encuentros sean espacios vivos.
Espacios para preguntar.
Compartir experiencias.
Aprender.
Cuestionarnos.
Comprender mejor nuestro cuerpo.
Porque la salud no se construye desde la perfección.
Se construye cada día, en aquello que comemos, en cómo nos movemos, en cómo descansamos, en cómo sentimos y en la capacidad de escucharnos.
Y quizá cuidar la salud desde la raíz empiece precisamente ahí:
con una pregunta.