EPISODIO 6
Inflamación, energía y elecciones conscientes.
Sabemos que la alimentación influye profundamente en nuestra salud.
Pero también sabemos algo más: no existe una única forma de alimentarse que funcione exactamente igual para todas las personas.
Por eso, cuando acompaño a mis pacientes, siempre insisto en dos pilares que considero fundamentales: la alimentación y el ejercicio físico adecuado.
Las fórmulas magistrales chinas pueden ser una herramienta muy importante dentro de un tratamiento, pero el movimiento es in-negociable. Nuestro cuerpo necesita moverse, circular, respirar y mantener activa su energía.
Y con la alimentación sucede algo parecido.
No se trata únicamente de saber qué alimentos son considerados saludables o inflamatorios. Se trata también de aprender a observar:
¿Cómo me siento después de comer esto?
¿Cómo responde mi digestión?
¿Cómo está mi energía?
¿Duermo mejor o peor?
¿Aparecen dolores, hinchazón, acidez o alteraciones intestinales?
El cuerpo nos da información constantemente.
No todos reaccionamos igual a los mismos alimentos
Uno de los ejemplos más frecuentes es el gluten.
Existen personas con enfermedad celíaca diagnosticada y confirmada mediante los estudios correspondientes. Pero también existen pacientes cuyas pruebas resultan negativas y que, aun así, perciben una relación clara entre determinados alimentos con gluten y síntomas digestivos o generales.
Pueden aparecer distensión abdominal, gases, diarrea, estreñimiento, cefalea u otros síntomas.
Esto no significa necesariamente que exista celiaquía. Precisamente por eso es importante diferenciar los diagnósticos médicos de la observación individual.
Cuando existe mucha sintomatología digestiva, en algunos casos puede ser útil realizar, siempre de manera individualizada, un periodo de observación retirando determinados alimentos y posteriormente valorar qué sucede al reintroducirlos.
No se trata de vivir eternamente desde la prohibición.
Se trata de conocer nuestro cuerpo.
Porque también existen cumpleaños, viajes, cenas con amigos y momentos especiales.
La salud necesita disciplina, pero también flexibilidad.
El alcohol: menos juicio y más conciencia
El alcohol es otro de los temas que aparecen constantemente en consulta.
No todas las personas perciben sus efectos con la misma intensidad, pero su consumo puede afectar diferentes sistemas del organismo y no únicamente al hígado.
Mi propuesta nunca es culpabilizar.
Es observar.
Muchas veces, a medida que una persona comienza a sentirse mejor, cambia sus hábitos, mejora su alimentación y avanza en su tratamiento, también cambia espontáneamente su relación con el alcohol.
Quizá antes bebía tres copas.
Después dos.
Después una.
Y llega un momento en que, simplemente, ya no le apetece tanto.
Cada persona tiene su propio tiempo.
Una pregunta que me hacen frecuentemente es:
¿Tengo que cambiar todos mis hábitos antes de empezar un tratamiento?
Mi respuesta es no.
No necesitamos estar perfectos para empezar.
Empezamos desde donde estamos y vamos transformando poco a poco aquello que sea posible.
El café: una invitación a observar
Otro alimento que suelo invitar a observar es el café.
No porque todas las personas tengan necesariamente que eliminarlo, sino porque su respuesta puede ser muy diferente de un organismo a otro.
En algunas personas, especialmente dependiendo de la cantidad y de la sensibilidad individual, puede favorecer palpitaciones, ansiedad, aumento transitorio de la frecuencia cardíaca, dificultades para dormir, irritabilidad, reflujo o molestias gástricas.
Por eso, cuando acompaño a alguien con insomnio, ansiedad o determinados síntomas digestivos, una de las experiencias que podemos probar es reducirlo o retirarlo temporalmente y observar.
Mi propia experiencia fue muy clara: incluso una pequeña cantidad podía afectar mi descanso y mi estado interno.
Actualmente, por la mañana suelo preferir infusiones. Manzanilla, tila, rooibos u otras opciones que voy variando según el momento.
No se trata de afirmar que algo es bueno o malo para todos.
Se trata de preguntarnos:
¿Qué efecto tiene esto en mí?
Ultra procesados: cuanto más simple, mejor
Los ultra procesados, las bebidas industriales y el exceso de azúcar forman parte de otro gran desafío de nuestra alimentación actual.
Muchas veces comemos productos que contienen una larga lista de ingredientes que ni siquiera reconoceríamos como alimentos.
Potenciadores de sabor.
Azúcares añadidos.
Grasas de baja calidad.
Conservantes.
Colorantes.
Por eso recomiendo recuperar un gesto muy sencillo:
leer las etiquetas.
Cuanto más conectados estemos con aquello que introducimos en nuestro organismo, mejores decisiones podremos tomar.
También me gusta priorizar ingredientes lo menos procesados posible: alimentos frescos, una buena sal de calidad y grasas de procedencia conocida.
En mi caso, procuro utilizar principalmente aceite de oliva de buena calidad y cuidar también la forma en que lo utilizo.
No necesitamos convertir la alimentación en una obsesión.
Pero sí podemos recuperar conciencia.
Picantes, calor y digestión
Desde la perspectiva de la Medicina Tradicional China, tampoco todos los alimentos son adecuados para todas las personas en todos los momentos.
Una persona con signos de frío digestivo puede necesitar una estrategia diferente de otra que presenta calor o humedad-calor.
Aunque ambas tengan síntomas parecidos.
Los alimentos picantes, por ejemplo, tienen una naturaleza movilizadora y calentadora. En determinadas personas pueden ser beneficiosos, mientras que en otras, especialmente cuando ya existe mucho calor interno, sudoración o irritación digestiva, pueden resultar excesivos.
Por eso la alimentación energética no funciona mediante reglas universales.
Funciona observando el terreno de cada persona.
Alimentarse también es conocerse
Para mí, la alimentación consciente no consiste en vivir contando cada ingrediente ni en sentir culpa cada vez que hacemos una elección diferente.
Consiste en recuperar la capacidad de escuchar.
Escuchar cómo dormimos.
Cómo digerimos.
Cómo evacuamos.
Cómo está nuestra energía después de comer.
Cómo responde nuestra piel.
Cómo está nuestro estado emocional.
Porque muchas veces nuestro cuerpo lleva mucho tiempo intentando comunicarnos lo que necesita.
La Medicina Integrativa y la Medicina Tradicional China nos permiten ampliar esta mirada.
No solamente preguntarnos:
¿Qué alimento es saludable?
Sino también:
¿Es saludable para mí en este momento?
Y esa diferencia lo cambia todo.
No necesitamos hacer una transformación radical de un día para otro.
Podemos empezar observando.
Cambiar una cosa.
Sentir.
Volver a observar.
Y seguir caminando.
Porque cuidar la alimentación no debería significar vivir con miedo a la comida.
Debería significar aprender a elegir con más conciencia, libertad y conexión con nuestro propio cuerpo.
Y eso también es cuidar la salud desde la raíz.